martes, 16 de septiembre de 2008

Gargajos

...micro relato...

Sufro de un comportamiento casi compulsivo de solidaridad extrema con la vereda, avenida o calle, el cual no puedo evitar. Cuando salgo a la calle y veo a la gente con tanta naturalidad caminar, escupir y seguir caminando o escupir mientras caminan, se me retuerce el estómago. No puedo comprender ese acto violento contra la infraestructura urbana, no puedo entender por qué tanto desprecio hacia el piso. La falta de respeto, la falta de solidaridad, la muestra de humillación y el ultraje extremo hacia algo que nos permite circular diariamente. Es inevitable la sensación de asco que recorre mi cuerpo al ver el gargajo ajeno estallar en el asfalto. Es inevitable sentir que soy yo a quien el gargajo se dirige dispuesto a cubrir todo mi rostro y adentrarse en mi boca tratando de hacerme sentir tan desdichada como al piso. La repulsa, el odio y la impotencia se apoderan de mí, y comienzo a sentir el gusto del gargajo en mi boca; a veces es espeso, otras veces tiene gusto a enfermo, y otras (la mayoría) con sabor a nicotina. Tanto, tanto es el asco que me da sentir las salivas ajenas que, irremediable e inevitablemente escupo yo. ¿Podrá el piso disculparme?

N.K

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