domingo, 14 de septiembre de 2008

Monólogo del género opuesto

Mi vieja y mi hermana le sacaron la ficha al toque. “No te conviene, nene”. Y que le decía yo...”no viejita, Estelita es un sol”. A Norita nunca le cayo bien…”ésta es de las típicas que se hacen las buenitas, ni un si ni un no al principio. Ahora le encanta de que vayas a la cancha, le parece genial que te veas con tu grupo del secundario y que se junten en tu departamento a comer la picadita de los jueves. Pero te quiero ver...una vez que se te instale…permiso para usar el baño le vas a tener que pedir.” ¡Qué razón tenia Norita! Estela me estafó. Me hizo comprar la imagen que ella me quiso vender. Y ahora que abrí los ojos, es tarde. Cuando debería ser cada uno por su lado, ella avanza sobre el mío, me acorrala, me espía, me persigue. Me despierta a la ahora en que decide revisar su inventario, y darse cuenta de que le falta alguna porquería de esas que fue trayendo a mi departamento. Por suerte puedo seguir diciendo mi departamento, por momentos pensé que también se lo iba a quedar…ya se quedo con mi paz, con mi tranquilidad…hoy a las cinco y media de la mañana, el teléfono me saco de la cama, mejor dicho ella. Y qué es lo que quería…la sillita. Sí, una sillita, no se que historia de la infancia tiene con esa cosa. Lo que ahora persigue, hasta el límite de amenazarme con tirarme la puerta abajo, es un mueblecito de mimbre. Y lo peor es que ni me acuerdo donde puede estar esa silla de mierda. Lo cual me condena a continuar siendo victima de una loca, que quien sabe mañana con que me va a venir a romper.



Marcela Reidman

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