martes, 16 de septiembre de 2008

Violencia

...situación en movimiento...

Y el puño de Juan se aplastó contra la nariz de Ian. Fue el adiós a su nariz finita y respingada.
La sangre comenzó a caer, primero de a gotas y después ya rebalsaba, era imparable. Se desplomaba contra la alfombra verde que comenzaba a pintarse de rojo.
La furia de Ian se acrecentó aún más. Agarró una botella que estaba sobre la mesa y la partió contra la pared. Su rostro reflejaba un odio incontrolable y una furia tan perversa, casi demoníaca, que todos gritamos. La mitad de la botella cayó sobre el piso estallando en mil pedazos, la otra mitad quedó en su mano. Las puntas cortantes y filosas de la botella brillaban reflejando toda esta espantosa escena.
De repente, a pesar de nuestros gritos desesperados, el brazo de Ian con la botella se estrelló en la cara de Juan. Las puntas de vidrio se incrustaron en su rostro blanco, escondiéndose en su carne. Decenas de hilos, chorros y cuajos de sangre terminaron de teñir el verde de la alfombra. Pero el rostro de Juan tenía más color rojo, tal vez era la carne que le colgaba de los pómulos o el labio inferior que se le había partido en tres. La sangre desbordaba en el tapiz y todos tuvimos que levantar nuestros pies para no marcharnos los zapatos.
Juan se tapó la cara con sus manos y gritó de dolor. Pero los vidrios se penetraron más en su rostro que comenzó a llorar, a llorar tanto que la alfombra barrió su rojo y volvió a ser verde. Su cara ardía, estaba irreconocible. El rojo de la carne viva brillaba como un churrasco y Juan no podía hacer nada para cesar su dolor. Perdido y desesperado se desvaneció contra el piso sollozando a gritos, pero fue el alarido el que nos paralizó del terror. Los pedacitos de vidrio de la botella que Ian había reventado en su rostro, se le clavaron en todo el cuerpo llenándolo de agujeros. Una laguna roja se apoderó de la alfombra verde. El último llanto de Juan no pudo limpiarla.

N.K

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